La revolución cuántica ya empezó. ¿Dónde está Argentina?

El futuro no espera: lo moldean quienes actúan.

La computación cuántica ya no es ciencia ficción. Lo que ayer era fantasía tecnológica, hoy es una carrera global. Se trata de una nueva forma de procesar información que aprovecha fenómenos cuánticos para abordar ciertos problemas específicos que son simplemente inabordables para las supercomputadoras más potentes o los algoritmos tradicionales de inteligencia artificial. En lugar de reemplazar a la computación tradicional, la complementa y abre una nueva frontera.

Y esa frontera está más cerca de lo que parece. En los próximos 5 a 10 años, se espera que la computación cuántica supere a la convencional en problemas claves en la química, la farmacéutica, los servicios financieros, la logística y muchos otros sectores. Estos avances no son solo teóricos: ya están comenzando a moldear el futuro de la industria global. Para los países que inviertan ahora, se abre una oportunidad de posicionarse. Para quienes esperen, el rol será de espectadores.

Argentina, al igual que gran parte de América Latina, sigue al margen. No por falta de talento: tenemos una cultura tecnológica vibrante, con investigadores, ingenieros y emprendedores de nivel internacional. Pero no hay una estrategia nacional ni incentivos suficientes para desarrollar una comunidad cuántica.

Hoy, fuera de ciertos círculos académicos, casi no se discute. En toda América Latina existen apenas una media docena de startups cuánticas, en contraste con los cientos que ya operan en otras regiones del mundo. La inversión cuántica en la región es casi nula: ni el sector público ni el privado han apostado en serio.

El impacto económico de la computación cuántica en Argentina podría alcanzar los 12 mil millones de dólares en la próxima década según proyecciones de McKinsey basadas en aplicaciones clave. Al mismo tiempo que fortalece nuestras capacidades científicas, una comunidad cuántica también puede atraer inversiones, generar más de 5000 empleos tecnológicos de calidad, y brindar la movilidad social necesaria para combatir la pobreza.

Priorizar la computación cuántica no implica descuidar las urgencias del presente, sino invertir en palancas de crecimiento que pueden potenciar soluciones a problemas estructurales. Tecnologías disruptivas como esta podrían generar ahorros masivos y ventajas competitivas en sectores críticos para el país: desde optimizar cadenas de suministro agrícola y acelerar el desarrollo de fármacos para enfermedades endémicas, hasta proteger la infraestructura financiera frente a amenazas cibernéticas. Lo positivo es que no se necesita un gasto desmesurado. Bastaría con impulsar algunos ejes estratégicos y elevar el tema a nivel país. Estas son algunas acciones concretas que Argentina podría implementar:

  1. Establecer una estrategia nacional de computación cuántica.
    Definir un marco de prioridades, inversión e incentivos para coordinar a investigadores, empresas, universidades y organismos públicos.
  2. Incluir contenidos de computación cuántica en universidades públicas (primero) y programas de secundaria técnica (después) para formar una fuerza laboral cuántica.
    Formar una base de talento capacitado desde temprano es clave para construir una comunidad cuántica sostenible.
  3. Otorgar becas o incentivos fiscales para investigación aplicada.
    Apoyar a quienes están explorando aplicaciones reales desde el país, en áreas como criptografía, simulación molecular, o algoritmos híbridos.
  4. Establecer convenios con empresas y laboratorios internacionales.
    Facilitar el acceso a hardware cuántico real y formación práctica para jóvenes argentinos.
  5. Promover concursos, hackatones y programas abiertos.
    Aumentar la visibilidad del campo, despertar vocaciones y detectar talento emergente.
  6. Impulsar alianzas público-privadas con iniciativas cuánticas internacionales.
    Vincular talento local con proyectos e iniciativas cuánticas internacionales (desde laboratorios hasta startups) puede acelerar el progreso y posicionar a Argentina como hub regional.
  7. Incentivar sin despilfarrar.
    No hacen falta grandes sumas: un mix inteligente de becas, capital semilla e incentivos fiscales modestos pero estratégicos puede marcar la diferencia.

También es momento de pensar en una estrategia regional. Brasil y México ya muestran avances en el ámbito académico, y podrían ser aliados naturales en esta apuesta científica. Como señala otro artículo reciente, hay una oportunidad de cooperación científica entre países latinoamericanos que aún no se aprovecha. Alguien tiene que dar el primer paso. Argentina puede ocupar ese lugar. Podemos inspirarnos en modelos como EuroHPC, una iniciativa de la Unión Europea destinada a crear una red de supercomputadoras de última generación en toda Europa, que permitió a varios países europeos construir infraestructura cuántica común. Una versión regional podría canalizarse a través de mecanismos existentes como FOCEM, fomentando capacidades compartidas sin duplicar esfuerzos ni recursos.

Si invertimos ahora, podríamos liderar la región en una de las tecnologías más transformadoras del siglo. Si esperamos, solo podremos ver cómo otros se benefician. Tenemos talento, pero falta decisión.

La revolución cuántica ya empezó. El reloj está corriendo. La única pregunta es si Argentina va a actuar a tiempo—o dejará que el futuro se decida sin ella.